Publicado por: Enrique Zafra
En 08 febrero 2012
OPINIÓN. A todos los que soñaron con cobrar un sueldo digno. A los que prometieron que el mundo laboral premia el esfuerzo. Al que se sienta identificado.
Esta nota va dirigida a ti, que
rememoras con tristeza aquellos años en los que parecía que todo iba a salir
bien. Como en esas películas en las que el protagonista sabía que lo pasaría
mal, pero que tarde o temprano sus ambiciones se verían cumplidas. Terminaste
el instituto y comenzaste una carrera universitaria que, aunque sabías que no
te llevaría automáticamente a un buen puesto de trabajo, pensabas que con el
tiempo daría sus frutos. Eso decían, ¿no? Para ser algo en la vida y ganar
dinero, había que estudiar.
Y quizá fuera cierto. Pero
cuando saliste de la
Universidad y te sumergiste en el mercado laboral, la
realidad te golpeó de lleno. No encontrabas trabajo, y si lo hacías, poco o
nada tenía que ver con lo que tú habías decidido estudiar. Quizá pensaste que
con la titulación no bastaba, que tenías que aprender algún idioma más y
especializarte en ciertas cuestiones. Seguro que eso te abría la puerta a tu
soñado puesto de trabajo, estable y bien remunerado.
Así que, con gran esfuerzo y
ayuda de tus padres, conseguiste pagar ese Máster con el que te prometieron que
las empresas se pelearían por ti. O quizá hiciste las maletas rumbo a otro destino,
para aprender ese idioma tan necesario en el nuevo siglo. Dejabas atrás amores,
amistades y familia, pero…era tu futuro lo que estaba en juego, por lo que
debías apostar fuerte.
Ahora, años después y con carrera
universitaria, varios cursos e idiomas, sientes que sigues en la casilla de salida.
Tu sueldo soñado son mil euros, lo que te coloca de lleno en el grupo, cada vez
mayor, de aquellos que son llamados mileuristas.
Y, contra todo pronóstico, te dicen que debes sentirte privilegiado por
cobrarlos. Tú, aquel que un día fue uno más de esos jóvenes soñadores, al que
decían que estudiando se triunfaba.
Imagen: Víctor Ferrer

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