27 marzo 2012

Una relación de amor y odio


Publicado por: Enrique Zafra
En 27 marzo 2012

Durante el siglo XX, el tabaco fue ejemplo de ocio y glamour en Europa. Ahora, en el siglo XXI, el continente cambia de parecer y lucha contra los malos humos.


Se dice que el primer europeo al que le dio por fumar un cigarrillo fue Rodrigo de Jerez, uno de los marineros del almirante Cristóbal Colón durante la expedición que le llevó a descubrir el continente americano.  A su vuelta, importó a España la costumbre de los nativos cubanos de fumar aquella planta a la que nombraron –quizá por el tabac, como llamaban al tubo de madera en el que lo prensaban- tabaco.  Fumarla le llevó a la desgracia, aunque no por algo tan actual como el cáncer. Un tribunal de la Inquisición le encarceló por “echar fuego y humo por la nariz y la boca”, algo que solo podía estar al alcance del demonio.

Las cosas cambiarían radicalmente con el paso de los años, hasta llegar al siglo XX. Es en esta época cuando el tabaco se consolida con fuerza en la sociedad europea, teniendo en el cine a uno de sus aliados más fuertes. Humphrey Bogart en “Casablanca”, Clark Gable en “Vidas Rebeldes” o Bette Davis en “Eva al desnudo” son algunos ejemplos de que un cigarrillo en la boca era signo de distinción y glamour. Pero Bogart moriría de un cáncer de esófago en 1957 a la temprana edad de 57 años, debido en gran parte a su adicción al tabaco. Y claro, cuando la sociedad se dio cuenta de que, además de distinción y glamour, el tabaco provocaba enfermedades mortales, su visión sobre el humo comenzó a tornarse negativa.

A partir de los años sesenta, los estudios sobre los efectos del tabaco comenzaron a proliferar en la búsqueda de restricciones que protegieran a las personas, en especial a los más pequeños. Europa empezó a cambiar su opinión sobre los cigarrillos, puesto que las investigaciones médicas no dejaban lugar a las dudas: el tabaco y su adicción estaba estrechamente relacionado con las enfermedades de pulmón y corazón más mortales.

Cambios en el siglo XXI

Los principales gobiernos empezaron a tomar conciencia de los peligros que entrañaba la venta y el uso masivo e indiscriminado de tabaco. Con la llegada del nuevo milenio, el continente empezó su cruzada particular contra el humo de los cigarrillos, si bien haciendo uso de una doble moral muy bien aceptada por la mayoría de las poblaciones. Dicha doble moral se sustenta en la aprobación sistemática, por la mayoría de países europeos, de legislaciones en contra de este vicio, a la vez que se lucran con los impuestos de su venta.

España introdujo en el año 2006 la Ley más dura hasta el momento contra el uso del tabaco en sitios públicos. En ella, se prohibía fumar en todos los lugares de trabajo, además de en restaurantes, bares y cafeterías de más de cien metros cuadrados que no dispusieran de una zona habilitada para fumadores. Asimismo, limitó la publicidad del producto y estableció los 18 años como edad mínima para comprarlo. Sin embargo, no fue suficiente, y el 2 de enero de 2011 entraba en vigor una nueva legislación contra el tabaco, que endurecía a la anterior. El Gobierno vetó el humo del cigarrillo en todos los restaurantes, bares y cafeterías, así como en discotecas y lugares públicos como aeropuertos, puertas de colegios y hospitales.

La Ley española dejó de ser una de las más laxas en cuanto a la prohibición del uso del cigarrillo, para convertirse -en tan solo 5 años- en una de las más duras del continente. Sin embargo, otros países habían establecido con anterioridad legislaciones similares. Irlanda prohíbe fumar desde el año 2004 en todos los lugares públicos, ya sean restaurantes o puestos de trabajo. Alemania prohibió fumar ya en el 2008, aunque sigue permitiendo las zonas de fumadores en los bares, y Francia prohibió fumar en todos los lugares públicos también en el 2008.

Distintas opiniones
Muchos de los que apoyan la nueva legislación no son fumadores, lo que podría explicar su apoyo a la misma. Sin embargo, son muchos los fumadores que tampoco le vieron cosas negativas a la prohibición total del cigarrillo en sitios como bares o discotecas. Es el caso de Sergio Caballero, estudiante de 21 años que se muestra completamente a favor de la supresión del humo del tabaco, a pesar de ser fumador desde los 16 años. “Antes, cuando salía por las noches, tenía que echar la ropa a la lavadora nada más llegar a casa del olor que tenía a tabaco”, cuenta. “Ahora da gusto entrar a una discoteca o tomar algo con los amigos, y eso que yo fumo. No me cuesta nada salir a la calle cuando quiero fumar un cigarro, y dentro no estoy obligado a tragarme el humo de todo el mundo, y tampoco mis amigos”.


 Escucha la opinión de Sergio Caballero sobre la Ley antitabaco

Pero no todo son apoyos a este tipo de leyes. Si en Irlanda, Francia o Alemania siguen aún dando coletazos las protestas de los hosteleros ante las restricciones, los propietarios de locales de este tipo en España han vuelto a criticar los efectos que la Ley ha dejado en sus negocios. En palabras de Ovidio Fernández Ojea, presidente de la Federación de Hostelería de Ourense, “la situación es grave e insostenible”. Según los datos del colectivo, la reducción de ingresos se ha cifrado en un 40% desde la entrada en vigor de la prohibición del cigarrillo en los locales. “En el caso de los restaurantes, hay muchos clientes que al no poder fumar después de la cena han optado por hacer sus encuentros gastronómicos en casa”. 

Y es que según el último estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), en España fuma aproximadamente el 17,65% de la población. Números que, aunque no se acercan a los de países como Francia -donde fuman, según las últimas estadísticas, un 28.7% de la población-, son muy alarmantes. Juan Antonio Riesco, neumólogo y vicepresidente de la SEPAR, ha lamentado que “la Ley no ha tenido impacto en la prevalencia del tabaquismo, que al contrario ha aumentado”. Lo mismo pasó en Francia tras la aprobación de su propia Ley antitabaco: el número de fumadores ha seguido aumentando en los últimos cinco años. 

Pese a las prohibiciones, cada vez más restrictivas, que se vienen imponiendo en el continente en los últimos años, a Europa le está siendo difícil erradicar el humo de sus ciudades. Desde Rodrigo de Jerez hasta la actualidad, la sociedad se encargó de construir alrededor del tabaco todo un entramado social relacionado con el ocio, el placer y la diversión. En especial durante el siglo XX, donde el cigarrillo se convirtió en uno de los componentes principales de medios de comunicación de masas como el cine. Fueron cien años de humo que ahora Europa quiere ventilar. Nadie dijo que fuera fácil.

Si quiere saber másLínea histórica de aprobación de leyes antitabaco en los 27 países europeos

Imágenes: ezequiel leemon / Kris Heylen


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